La caja de la rabia, el fin de las rabietas de tus hijos

Una de las emociones que más nos cuestan controlar en nuestros hijos es la ira. La idea de la caja de la rabia le surgió a Marina Martín, psicóloga, con su compañera, al leer el cuento “Vaya rabieta” de Mireille d’Allance, que puedes conseguir en  aquí .

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En dicho cuento, Roberto, el protagonista, tenía un mal día; le habían regañado, no le gustaba la comida y había desobedecido. Al final del día terminó muy enfadado. En el cuento, la ira se ilustra como un gran monstruo que sale del pequeño cuerpo de Roberto, y que puede hacer lo que quiera sin control.

El gran monstruo destruye todo lo que encuentra; deshace la cama, tira la lámpara, los libros, los juguetes. El pequeño, al ver lo ocurrido, decide arreglar todo lo que la rabia había destrozado. Tal como iba arreglando la habitación y colocando cada cosa en su sitio, la ira se iba haciendo más pequeña hasta que finalmente cabía en una caja.

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La idea la resume ella misma:

“Cada vez que el niño sienta rabia, debe dibujarla sobre un papel, para que pueda salir de ella. Un ejemplo es a través de garabatos en un papel, o haciendo rayas de forma impulsiva. Puede rayar tanto como quiera hasta relajarse. Cuando realice el garabato, se le dibujarán ojos a esa rabia, el monstruo que le molestaba. El dibujo podemos arrugarlo y meterlo en una caja.”

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Beneficios de esta práctica

A corto plazo

Es una actividad no invasiva. No pretende controlar el comportamiento de los niños, sino más bien ayudarles a recuperar un estado en el que sean capaces de atender, pensar y empatizar con la gente de su alrededor.

Les ayuda a simbolizar el sentimiento de la rabia. Activar el pensamiento les permite mitigar la intensidad de las emociones, controlando la respuesta.

Además, les ayuda a los padres a controlar estos impulsos, ya que es mucho más fácil actuar si sabemos cómo enfrentarnos a la situación.

Ollyy / Shutterstock

A largo plazo

Permite fortalecer las conexiones cerebrales entre la parte pensante y la parte reactiva. Van entendiendo que las emociones son pasajeras, no duran todo el tiempo. Y van asumiendo que pueden hacer cosas para modificar sus estados internos.

Y por encima de todo, si sus padres les acompañan en este proceso, desarrollarán una íntima sensación de seguridad al entender que cuando sus emociones se desbordan, pueden recurrir a alguien y volver a un estado de calma.

Si tienes hijos entre 3 y 6 años, no dudes en poner en práctica esta actividad.

¿Conocías esta práctica? ¿La has puesto en práctica alguna vez con tus hijos? ¡Háznoslo saber en los comentarios!

¡Comparte con tu familia y amigos!

Imagen de portada: Rolloid
Fuente: debateindartzenmarinamartinsanpsicologa

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